viernes, 30 de agosto de 2019

Deshojando la margarita


En la eterna duda de si romanticismo, realismo,apasionamiento o … Parece que las parejas que se forman no terminan de aclararse entre ellas.

Veamos, como parejas que se forman, no se puede entender que lo hacen por designios de la divinidad, sino que por esas circunstancias de la vida, coinciden en tiempo y lugar, física o virtualmente, las percepciones que impresionan a ambos les acrecienta ciertas sustancias hormonales y ésto genera toda una serie de expectativas individuales, lo cual les invita a avanzar en ciertos comportamientos inevitables, de superarlos favorablemente, les conduce a que se sientan seguros en la circunstancia que han creado y sigan avanzando.

Es como si aparece dentro de tu percepción, algo muy muy deseable, las sustancias que genera tu cuerpo te hacen hasta soñar con ello cuanto más posible lo percibes, predomina la esperanza.

Por regla general, se produce una alteración de la realidad, porque se realiza lo que se desea, y lo viven con tal intensidad que su realidad cambia, porque su percepción de la misma cambia. Tal es así que sirve de aliciente motivador estar inmerso en esta circunstancia, y todo se ve de forma favorable o, al menos, no tan agresiva y más superable.

Es ahora, cuando la deseabilidad se hace realidad, y es tal la compenetración de deseos, que se desemboca en los momentos más intensos para la pareja, que avalados por la intensidad de sus hormonas, se formulan determinados compromisos que parecen el culmen de las expectativas, formalizando la relación dentro de la intemporalidad.

Suele suceder, que dentro de esta intemporalidad, es cuando se produce ese bajón de hormonas, por el aumento de estrés y choque con la verdadera realidad, entonces es cuando buscando la realización de deseos, uno u otro, o ambos, se separan de ese compromiso y faltan al otro en lo formalizado tras aquel compromiso en el que, supuestamente, están viviendo, tal es así que parece que se produjera una gran traición más que un mero cansancio personal o estrés o… lo que fuera.

Ésto es tan grave que deriva en conflicto dentro de la pareja, entonces mutuamente empiezan a achacarse las expectativas fallidas y los compromisos no alcanzados, y aparecen las culpas, humillantes culpas, las faltas de interés, etc., llegando al centro del problema, el de dejar de ser ese deseo en el que cada cual se había convertido para el otro, porque su relación consistía en que la consecución de los deseos de uno eran la intención del otro, y todo dentro de cierto juguetón ambiente de confidencialidad y … cuantos pactos, implícitos o explícitos, se hubieran faltado.

Pero, así es que, llegados a este punto, pueden seguir o no seguir juntos, aquí actúa la sociedad, los valores culturales y/o sociales impuestos, etc., pero ya nada es lo mismo, tras este baño de realidad, toca volver a utilizar la cabeza, a volver a sentir inseguridad afectiva y a volver a sopesar individualmente cada circunstancia… es como si una pesada losa de realidad apareciera en la espalda de cada cual.

Hay a quien esto le sirve para integrar sus deseos a la realidad, y convertirlos en algo más realizable, o menos impuestos para la otra parte, pero hay quien permanece en el mismo punto en el que estaba, precisamente porque lo que busca es aquel aluvión de hormonas que representa el enamoramiento o sus deseos. Es aquí donde uno se define, y es importante darse cuenta de ello, pues, buscar algo es buscar una finalidad. Hay que comprender que las finalidades están por encima de todo y no conseguirlas es lo que genera mayor insatisfacción, como lo que ha pasado para llegar a este punto de reflexión en el que estamos.

Bueno, es ahora cuando ese romanticismo, o ese apasionamiento, o ese realismo, o ese… aparece de nuevo y toca comprender que lo que sentimos y pensamos es producto de lo que somos, así que hay que poner a cada cual en un lado de la balanza y sopesar si aquello es lo que uno quiere, porque la realidad te ha puesto en tu sitio y ahora te toca decidir por ti.

No hay que achacar, ni culpar a nada ni nadie que las cosas no salieran como tú querías o esperabas, ni siquiera la traición, porque al igual que tú, la otra parte se ha situado en la realidad y hace lo que tú estás haciendo ahora, evaluar lo que quieres y cómo quieres obtenerlo, sólo que actuó mal, según tú y necesariamente según la otra parte.

Obviamente, existirá culpa, intencionalidad, etc., tanto por una parte como por la otra, pero, llegados a este punto, eso es un elemento de posicionamiento, hay que tomarlo como la reacción ante la realidad, y comprender que, sea por lo que sea, la realidad siempre manda y se convierte en la verdad, y lo que no tiene es remedio.

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